HUMOR

Me hago mayor

Apreciados maifrens,

Nos hacemos mayores. YES AI NOU TE DEJO DE PIEDRA. Pero es asín. Nos hacemos mayores y, agárrate que vienen curvas, envejecemos pareciéndonos a aquellos que rechazábamos en plena púber:

NUESTROS PADRES

yes

Y es que son las pequeñas cosas del día a día, las que haces casi sin darte cuenta, que te demuestran que ya no tienes viente años. Y, lo que es peor, que ya no actúas como si tuvieras veinte años.

En mi caso supe que me había convertido en una señora mayor el miércoles, que tenía que ir a pasar el día a Madrid. Salí de casa dos horas antes del vuelo, que las mujeres mayores somos muy previsoras “vaya a ser que una invasión alienígena colapse la Gran Vía al amanecer” y en el taxi me dio un vuelco en el corazón porque me había dejado…

 LAS TOALLITAS HÚMEDAS

omg

OHMAIGAT! Un escalofrío me recorrió la espalda, ¿y si iba a un baño público sin papel higiénico? ¿y si tocaba algo con bullshit de microbios y bacterias? o… nivel advance… ¿y si me daba por ir al baño a hacer fuerza con cara de coreana y sólo encontraba el típico papel higiénico de lija?

coreana-2

UNA DESGRACIA TOTALLY

Ya en el taxi empecé a darme cuenta que me había convertido en una Paris Hilton madurita de los baños públicos. Con lo que había sido en mis tiempos mozos, que a los veinte salía de casa sin chequear que no me dejara las llaves, el iPhone o el DNI. Juventud temeraria, maifrens. Ahora si no lo chequeo antes-durante-y-después del cierre de la puerta, a lo obsesiva-compulsiva, no me voy tranquila.

crazy

Más tarde, en la comida, mis sospechas empezaron a tener un valor real cuando mis compañeros-jóvenes de trabajo pidieron en el restaurante que si una de calamares encebollados, que si un bol con aceite y tres patatas flotando, que si un poco de grasa saturada rebozada con pimientos del piquillo, todo acompañado de litros de cerveza,  y yo, anticipándome al futuro que las madres somos muy de prevenir para no tener que ir de urgencias, saqué un OMEPRAZOL, que para los que no sean de la generación de los Gonnies les diré que es una droga que los mayores de treinta utilizamos para seguir el ritmo de los de veinte. Y ellos, con el colágeno aún intacto y sin signos de fatiga epidérmica, me preguntaron si me estaba medicando porque me encontraba mal.

“Sí, tía, es que estoy en esos días”

yes

Dije mintiendo como una bellaca.

Confirmé sin ninguna duda que soy una persona madura a la que la esperanza de vida le cae en picado a cada paso que da, cuando con dos cañas de cerveza acabé contentilla, entre ese grado de graciosa y cansina, y desenfundando smartphone les enseñé las fotos de la Sra de Murcia hasta a los camareros, a lo no-sin-mi-hija, acompañándolo de anécdotas en las que la añadía un poco de marketing para dejar a mi cachorra como un Einstein de la puericultura. Fue ahí que quedó al descubierto que pertenezco a esa tribu urbana que intenta parecer que tiene buena cara bajo una capa de nesquik de maquillaje y se emociona con unas micro adidas rosa chicle.

No fui la única que se dio cuenta de que era ya una señora, ya que cuando trajeron la cuenta me la dejaron delante de mis narices acompañada de una toallita de limón. ¡UNA TOALLITA DE LIMÓN!

gracias

Delante de tantas evidencias y lejos de intentar luchar,  hice lo que haría cualquiera a mi edad: resignarme a mi nueva condición, mientras cogía las toallitas de limón que habían sobrado y las metía en el bolso.

Vaya  a ser que pille tontamente la tosferina en el baño público.

Besis.

 

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