HUMOR, MATERNIDAD

El tiempo

Apreciados maifrens,

Antes, cuando todo era campo y mi suelo pélvico estaba tonificado, el tiempo tenía otro significado para mi.

Descansaba mis nueve horas de sueño ininterrumpido, me levantaba con la calma para hacerme un café, besar a mi dulce de leche, ducharme con mascarilla para puntas abiertas y, quizá, si la humedad lo requería, hacerme unas ondulaciones con la plancha que ríete tú de la ceremonia de los Oscar.

red carpet

Iba al trabajo disfrutando del camino, me compraba algo para desayunar y llegaba a la oficina con un “BBBUUUUEEENNNOSSSS DÍASSSSSS” de esos de repelenta-la-vida-me-sonríe de las que ahora apuntaría con un bazoka.

gun

Pero cuando decidí abandonar mis fláccidas abdominales para preservar la especie humana mejorándola, que la señora de Murcia es un genio de la puericultura, la vida empezó a pasarme en FAST FORWARD que después de levantarme pestañeo un momento y ya es de noche y tengo que bañar a mi pequeño alfajor para sacarle el olor a granja de la guardería.

Que el tiempo para una madre no va con horas, va con momentos: “el momento bibe”, “el momento papilla”, “el momento bañito”, “el momento cena” y “el momento se ha quedado dormida” forman tu horario diario. Y si te descuidas mirando el instagram cinco minutos se te junta todo y se te hace una bola de quehaceres maternales que no la desenreda ni mary poppins.

mary

Pues eso, que antes las noches las saboreaba y ahora descanso la friolera de tres cuartos de hora a trompicones. Que si los mocos, que si el chupete, que si tiene calor, que si tiene frío, que si ronca, que si se ha muerto porque no se queja… totally, que nuestra actividad nocturna es nivel Charlie Sheen el día de fin de año.

charlie sheen

Después me levanto con la señora de Murcia incrustada entre la cadera y abajo del sobaco llorando a lot of porque está very hungry y no entiende que el biberón que estás preparando es exclusivamente para ella, mientras yo corro de un lado para otro a contrareloj generando un tsunami de pellejo muerto allí por donde paso.

Salgo de casa con el cochecito de la niña y el reloj respirándome en la nuca, que ríete tú de las persecuciones a coche de las películas americanas. Derrapo en las aceras increpando a las abuelas que van a paso de tortuga, en plan civismo zero, y miro con cara de estoy-a-punto-del-brote-ezquizofrénico a los coches que no tienen intención de parar en los pasos de peatones.

looking

Y mientras yo voy a mil por hora para gestionar el poco tiempo que tengo y con un rebota-rebota-y-te-explota dejo a la niña en su clase, me interrumpe una madre/chapa de esas que no tienen muchos quehaceres para meterme un rollo a lo discurso de Fidel Castro, sobre papillas y bronquitis y pañales y cacas. Muchas cacas.

A lo que le sonrío incómoda porque tengo los minutos exactos para ir en moto al trabajo haciendo  willis, y maldiciéndome por haberme dejado la bomba de humo en casa, le respondo con un “sí, claro…” “ya, ya…” mientras en un moonwalk me acerco lentamente hacia la puerta.

Pero ella no se da por aludida y sigue parloteando y parloteando mientras su mandíbula amenaza a con desencajarse.

Y, por si no fuera poco, de la conversación en voz alta se une otra madre de las “crucigrama”. Esas que enganchan una palabra al vuelo para unirse a la conversación y meterte un tubo que te deja más seca que la mojama.

¿perdón, he oído que decíais algo de una mochila?

niña

Porque un día que llevaba una mochila rompí aguas de 39 semanas y 5 días y … blablablabla… y entonces me pusieron la epidural y blablablablabla y entonces pujé y me explotó el gormiti y blablabla…

Y allí estás tú, aguantando dos tubos de dos madres que ni siquiera conoces, mientras tu epidermis envejece cinco años bisiestos. Porque a la gente le da igual que tengas prisa, lo que quieren es chuparte la energía. Y lo peor: CONSUMIRTE EL TIEMPO. Tiempo que podrías estar invirtiendo en cosas más productivas como, por ejemplo, teñirte las canas.

Así que para poder despistarlas tiro de recursos y toco temas delicados, como la lactancia a partir del año o el colecho y allí las dejo llegando a las manos, mientras me teletransporto a la oficina.

madre

Que con el tiempo de una madre trabajadora, NO SE JUEGA MAIFRENS.

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