HUMOR

La mascota de clase

Apreciado diario,

Desde que el dulce de leche no viaja y se queda en casa, puedo salir del trabajo sin el tic-tac sonando en el cogote.

Que eso es un paso pequeño para el hombre pero uno grande para la conciliación y la esperanza de vida, que me paso la vida corriendo de un sitio para otro como pollo con cabeza, intentando no atropellar a nadie en mi ironman particular de casa-guardería-trabajo-guardería-supermercado-casa, siempre derrapando porque llego tarde y con la culpa en la mochila, que se ve que cuando empiezan a llegar los padres mi descendencia llora porque cree que la hemos abandonado. Y eso, maifrens, breik mai jart a lot of.

Así que este viernes que yo creía durante el fin de semana podría disfrutar de respirar las veces que aconseja la OMS e, incluso, tirarme en el sofá (por pedir que no quede), la vida subió de nuevo el nivel de dificultad encontrándome en plena calle con el rioplatense, mi pequeño alfajor y un invitado especial: UN FUCKING DELFÍN A TAMAÑO REAL.

ballena

«Es la mascota de clase. Se ve que nos la tenemos que llevar el fin de semana, hacer fotos con ella y pegarlas en una cartulina contando lo que hemos hecho» Dijo el rioplatense con ese tono de rebota-rebota-y-en-el-careto-te-explota, señalando el mamífero cetáceo de un metro de longitud y el álbum a lo revista HOLA que lo acompañaba, dónde los demás padres habían documentado con fotos pinterest la estancia del «Dofí Agustí» en casas sin diógenes, sin migas de galleta y con selfies de familia feliz.

«¿Pero tenemos planes este finde?»

Mis sueños de desperramar mi pellejo muerto en el sofá empezaban a hacer aguas.

BAD

Totally, que ideamos hacer un plan guay pero sin que se notara que era un plan guay, más del estilo «nosotros hacemos cosas TOPE de divertidas Y HEALTHY’S cada fin de semana» mientras nuestra hija, ajena a nuestro estrategia maquiavélica de aparentar ser una de esas familias instagrameras que siempre sonríen aunque coman brócoli, rebozó el lomo del peluche con el aceite sobrante de los nuggets de pollo de la cena y se llevó al cetáceo a primera fila  para ver la Peppa Pig antes de ir al catre.

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Foto que NO tendría que salir en nuestro álbum y que habría que falsear cuando la niña ya estuviera dormida, en plan este muerto está muy vivo, leyendo el Principito acompañada del delfín con el texto «Shhht, se han quedado dormidos leyendo después de una cena con quinoa, verduras ecológicas y semillas de chía». Pero cuando uno sobrevive al día a día a partir de las 22h tiene la gasolina justa para lavarse los dientes sin seda dental, así que nos fuimos a dormir sin hacerla, prometiendo que la falsearíamos al día siguiente en un deja-para-mañana-lo-que-tengas-que-hacer-hoy-fordayisuscraist y nunca más nos acordamos.

Al día siguiente nos levantamos con un objetivo claro: ir al zoo a llevar al delfín a conocer a otros animales. Lo sé, marketing de genios. Y yo, a lo natural como la vida misma, me puse nesquick en tól careto, por si luego no nos daba tiempo a disimular mis ojeras de Marilyn Manson con el photoshop.

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Pero cuando llegamos al recinto la niña iba de arriba a abajo de derecha e izquierda que era imposible sacarle una foto decente. Que sí «oveya» que si  «yaó» y animales por todos los lados, todo el rato. Así que pim-pam-pum-bocadillo-de-atún me saqué un as de la manga y le dije que si sonreía con el delfín le daba un donette.

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La segunda foto, OBVIUSLY, no consta ni constará neverever en el álbum.

Más tarde la niña se quedó dormida en el cochecito y el dofí Agustí le molestaba. Así que lo pusimos en el baúl de abajo mientras arrastraba toda la bullshit de la calle con la cola y nos paramos en una farola para hacer la fotografía más pinterest y tierna.

La niña no daba para más, todo el reportaje fotográfico la había dejado muerta, así que abortamos misión de hacer pescado con quinoa para cenar y a ella le dimos un biberón del tamaño de una botella de Jack Daniels y nosotros llamamos a una pizza 🍕 😋. Sin foto, again.

Al día siguiente decidimos ir al parque y la Sra de Murcia se entretuvo columpiando al mamífero acuático.

Pero ya a la hora de comer dejamos de resistirnos y fuimos a casa de mis padres a escuchar de lejos la peli de sobremesa de antena 3, mientras la abuela pillaba cacho a lot of more nauer. No hay constancia de ello.

Así que como al final el resumen nos quedó sólo de tres tristes fotos, le dijimos a la Sra de Murcia que sonriera un poco para hacer un par más estilo anuncio de Dodot, rollo momentos cuquis y súper felices con el delfín sin historia detrás. Pero la marichochi no quería más donettes…

Así que después de pensar una estrategia de urgencia, tiramos de fotos  de las vacaciones, de esas que estás moreno y todo te sienta bien y compramos un trillón de pegatinas en el abacus de animales y de la Peppa Pig e hicimos un collage atemporal en plan «arte contemporáneo» sin sentido ni criterio de ningún tipo, a lo padres bohemios que no se enteran de nada. Vaya a ser que sepan que somos gente normal, que hace cosas normales y que vive en un estercolero del Toy’sr’Us.

Balashuntas 1 Otros Padres 0.

Totally, que estamos esperando la llamada de los servicios sociales.

Besis

8 comentarios en “La mascota de clase”

  1. Genial! Lo que me he llegado a reír!!
    Es estupendo encontrar un blog sobre la maternidad de verdad y más contada con ese desparpajo.
    Ya estoy cansada de leer mil artículos y sentirme mala madre por haberme enfadado, por darles chocolate, por comprar en mercadona, por no poder hacer manualidades geniales con ellas cada día (a veces lo intentamos, pero el nivel es justito, hahahaha!) y por mil cosas más.
    Lo de los trabajos de la guarde es tal como lo cuentas. En la nuestra no había «Dofí Agustí» pero sí una «maleta viatgera» en la que tenías que hacer una cartulina con fotos de la familia presentando a todos los miembros y mostrando lo que más le gustaba hacer a tu peque. La elección de las fotos de días idílicos (o que lo parecían), los washitape y los rotuladores de colores con «brilli-brilli» nos salvaron la vida! 😜

  2. Por favor, lo que me he podido reír! No se puede tener más arte contando las cosas. Que bien viene unas dosis buenas de glutamato monosodico en forma de donette para chantajear sin fin!
    Seguro que Dilfi se aburrió mucho más otros findes con sus otros dueños temporales.
    Un abrazo!
    Agurtzane.

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