HUMOR, MATERNIDAD

La lluvia

Apreciados maifrens,

Cuando una ya ha pillado el truquillo a lo de estar sola con un cachorro ante el peligro y la muerte prematura, va la vida y te pone una dificultad añadida: LA FUCKING LLUVIA.

Que para los que no tienen un reloj respirándoles en la nuca, es un día de saltar charcos y de bailar un reggaeton en las farolas, pero para los que llegamos tarde a todos lados es…

EL MALDITO VIETNAM

vietnam

Y así fue como la semana pasada pude comprobar en mis carnes (que digo carnes pero tienen textura de flan de vainilla) la maravillosa sensación de LA MATERNIDAD cuando cae una somanta de hachedosó que ríete tú del Huracán Katrina.

Bajé las escaleras (no tengo ascensor #GraciasPorEsteSueño) con la niña, la mochila, el cochecito, el paquete de los pañales que me habían pedido en la guardería, la basura orgánica, la del plástico y la del vidrio, todo colgado como si fuera un árbol de navidad, que no me dejaba circular el escaso riego sanguíneo que me llega al cerebro.

Ya en el portal dejé la niña al suelo. Ella lloró. Yo lloré. Le hice una técnica ninja para atarla en el cochecito. Ella lloró. Yo lloré. Y cuando por fin lo había preparado todo para salir del portal, abrí la puerta y una brisa con agua me dio en todo el careto. El Rimel chorreando, el antiojeras en los tobillos y el pelo crepado nivel Einstein en los dos segundos que tardé en volver a cerrarla.

Fuck, no había tenido tiempo de mirar por la ventana y estaba diluviando.

llueve

DONTGUORRIBIJAPI, pensé en un momento de optimismo. Volví a subir con la niña/las mochilas/el cochecito y sin las bolsas de basura (a ver si con suerte un buen samaritano las encontraba y se deshacía de ellas) y ala, a buscar un paraguas decente bajo la capa de diógenes que, como sabéis, está encima de mi parquet desde que estoy de rodríguez. Después de una investigación a lo Sherlok Holmes encontré mi objetivo, así que volví a bajar, AGAIN, por las escaleras con la niña+mochila guarde+ mochila adulto +cochecito +funda/lluvia/cochecito +paraguas colgado hasta de los michelines y pude comprobar, al llegar abajo, que mis bolsas de basura no habían sido robadas, seguramente porque emitían un ligero aroma a cadáver caducado.

Totally, que utilicé AGAIN la técnica ninja de ponerla en el cochecito. Ella lloró. Yo lloré. Le puse por encima la capa de plástico. Ella lloró. Yo lloré. Me puse mi mochila, su mochila, el paquete de pañales,  el paraguas, las bolsas de basura en el antebrazo y por fin salí de casa sudando laik a pig.

Ya in da fucking strít, mientras esperaba en un paso de cebra y caían gotas como garbanzos, un coche derrapó y me dejó los pantalones y las bambas como si a lo Moisés estuviera andando por encima del fucking sea. Me cagué en sus muelas y seguí mi pequeño infierno sorteando a los viandantes  que deberían sacarse el carnet para llevar un paraguas, en mi camino hacia la guardería. Mi pequeño cachorro, que ya se había aburrido de lamer el plástico protector, decidió que era divertido sacar los brazos por los lados del cochecito. Y se mojaba. Y se reía.  Y se le empaparon las mangas a lot of. Mi cabeza emitió un spoiler de una futura bronquitis, así que evitando las futuras visitas a urgencias, utilicé las tiras del cochecito para guardar sus brazos en plan camisa de fuerza. Ella se río. Yo la miré fijamente en plan «castigada sin Peppa Pig hasta los 32». Y entonces, definiendo su personalidad, sacó las piernas. Y, of curs, se le mojaron los pantalones. Y la miré en plan SERIOUSLY? Y ella, a modo de respuesta, sacó también los brazos. Y se río. Y yo… me reí en un tono brote-psicótico.

TOTALLY que cómo cada vez diluviaba más, tuve que hacer lo que una madre tiene que hacer: poner mi paraguas en el cochecito para que la señora (cachonda) de murcia no cogiera una pulmonía.

winter-is-coming

Y así fue como llegué a la guardería dejando un reguero de agua a lo Daryl Hannah en 1,2,3 SPLASH pero versión michelines y pelo a lo Albert Einstein, mojada hasta las bragas, y con la niña con medio cuerpo mojado y el otro medio seco a lo desierto del Sáhara y de mala leche nivel funcionario sin desayuno porque tenía puto frío. Y no fue hasta que una madre dijo…

¿No oléis como a cañería?

Que me di cuenta que el olor a «alguien necesita una colonoscopia urgente» venía de mi brazo necrótico dónde aún colgaba la bolsa de basura.

PUTA BIDA, TETE.

P.D. A las madres que me leen desde Londres: Os quiero tías.

3 comentarios en “La lluvia”

  1. A mí me pilló el otro día y aún no había probado rl plástico del cochecito…casi me tengo que sacar un máster!!!problemas de novata supongo…
    lof yor blog!

  2. Me encanta tu blog y tus aventuras…aquí una mamá zombie con una «salvaje» de 11 meses…quinta de la señora de Murcia y fiel seguidora de sus aventuras, la cual me parece que va por el mismo camino…hiperactividad en vena…
    Me ha encantado tu entrada y me ha tocado reírme para adentro para no despertar a mi salvaje… Enhorabona por el blog!!

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